Los Derechos de los Hijos

Hace ya muchos años, cuando enrumbábamos nuestros pasos hacia la universidad y cada quien tomó la vía hacia la facultad en la que seguiría, buenos y queridos amigos fueron a estudiar Derecho, y de las primeras cosas con que nos martirizaban restregándonos su aprendizaje fue que: “La ley manda, prohíbe o permite” y bajo esa definición crecimos sabiendo que la norma en sí misma no es ni formadora ni maestra.

Decimos lo anterior porque en ocasiones parecería que los legisladores fantasean con la ley y piensan que ella Per Se, llevará a mejores días, a mejores momentos, a mejores épocas, olvidando que se legisla para el hoy que se vive y no para el futuro con el que se sueña.

Así llegamos pues a los tiempos del garantismo, en los que se norma entregando derechos, aquí y ahí, que más bien son exacerbados y tomados como pretextos para encubrir incumplimientos, indisciplinas, mala educación, prepotencia, etc.

“Se han vulnerado los derechos de mi hijo”, decía un padre a un director de escuela protestando porque su hijo había sido llamado la atención por el profesor. “El derecho de mi hijo está por encima de cualquier cosa” expresaba otro, para agregar “que van hacer con ese desadaptado” cuando pedía la expulsión de un niño de escuela que accidentalmente golpeó a su hijo. “La voy a enjuiciar por atentar contra los derechos de mi hijo”, amenazaba otro cuando recibió la camiseta deportiva de su niño en la que la fabricante se había equivocado al no ponerle el número 10.

Las Direcciones de escuelas, los Rectorados de colegios, de pronto se volvieron comisarías, a gritos, con mala educación, irrespeto e insolencia, tomando la bandera del ridículo y de los derechos de quienes nada han hecho para cumplir sus deberes, padres exaltados reclaman, agreden, manotean, injurian a funcionarios escolares. Pensamos que esos no serían los escenarios que imaginó el legislador cuando abrió la caja de pandora, entregando a quien no está en capacidad de ser objetivo el concepto de que nada puede estar sobre su hijo.

Derechos sí, pero con ejemplo, cultura y responsabilidad.

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