Santos y Demonios

Hace ya muchos años justo cuando recibíamos la primera clase de psicología evolutiva, escuchamos decir a un querido profesor: “Cada padre cree tener en su hijo un Adonis, un Einstein y un Santo Tomás de Aquino”, en aquel momento nos sonreímos y ciertamente, jóvenes aún, no alcanzábamos a valorar el poder profético de esas palabras en nuestras carreras educativas.

Como nunca, los padres, acaso para justificar el tiempo que no dan a los hijos, acaso porque han sustituido a la palabra por el regalo material y al consejo y al ejemplo por la permisibilidad. Como nunca, tratan de ver a los niños y jóvenes que concurren a escuelas y colegios como santos o demonios, por supuesto: “Santos son los míos, demonios los de los demás”. “Mi hijo es la víctima, el agresor es el otro”. “Mi hijo es el inocente, los adelantados, los precoces, los prepotentes son los demás”.

Es verdad que resulta difícil ser objetivo cuando se trata de nuestros hijos, pero el padre que forma, el padre que modela, el padre que construye una inteligencia y una espiritualidad, tiene que intentar ser justo y reconocer que su hijo no siempre resulta ser ese Einstein y ese Tomás de Aquino de la frase profética.

Más aún, cuando en ocasiones nuestros propios hijos nos manejan y manipulan, nos cuentan verdades a medias y convenientes, nos esconden y disimulan hechos, a fin de salir airosos, a fin de que no les castiguemos o no les llamemos la atención. El mentir ya no está ajeno al niño, el inculpar a otro y el maltratarle, se ha vuelto viral a partir de tantos y tantos juegos castigadores, que a través de tabletas, teléfonos, les son cercanos y de los que aprenden a agredir, pues si bien les forjan en la toma de decisiones, les mal forman al margen de la ética y la moral.

Como en ocasiones hemos dicho, el problema del niño de hoy es que maneja más información de la conveniente y que ésta desborda al consejo o la cultura familiar. El superhéroe del niño actual no es intrínsecamente bueno y eso pesa, por tanto, no hay ni santos ni demonios, sino niños y jóvenes a los que hemos de formar con justicia y equidad.

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