¿GANACIA o RIESGO?

Cuando ya hace tiempo publicamos la nota con la que comentábamos sobre la estocada fatal a la educación particular y el flujo de estudiantes de esta a la pública, sobre todo en los niveles económicos más precarios, alguien me dijo que aquello era bueno, pues finalmente pasaban familias a educar a sus hijos sin tener que pagar. Si eso fuera solo así, ¡bendito sea!, más lo importante es revisarlo desde dos ópticas.

Primera: desde la del padre que acude a la educación fiscal por no tener otra opción ni alternativa y se resigna a perder sus deseos de formación espiritual, religiosa, abierta a los nuevos tiempos, segura y de verdadera calidad; no tanto por la gratuidad sino por la ausencia de opciones válidas para la satisfacción de su derecho de primer educador.

La segunda óptica nos visualiza los riegos del abrirse al mundo de la educación pública en estos tiempos, pues nos asoma a las puertas de la incertidumbre frente a los males que lamentablemente la conmueven: la pandilla, la droga, el microtráfico, el embarazo temprano, el sexo precoz y la violencia, mundo este sin duda no deseado por ningún padre para ser vivido por sus hijos.

Por ello, ese tránsito de la educación privada a la pública, antes que una ganancia, supone riesgos complejos y difíciles que bien valdría ser analizados, trabajados y corregidos entre el ministerio y sociedad civil, pues nadie quiere una mala educación pública aunque existamos muchos que no la queramos como única opción, al menos mientras se maneje tan alejada del desarrollo de la persona humana, sobre todo en los aspectos espirituales, éticos, religiosos, morales y formativos que hoy por hoy deben ser parte esencial del proceso educativo.

Mejoremos la educación fiscal antes que seguirla creciendo a lo loco, fortalezcámosla, sanémosla y permitamos al mismo tiempo, sin persecuciones ni restricciones, la existencia de una educación que atendida por otros, llegue también a los más necesitados, ofreciéndose como otra alternativa de crecimiento y aprendizaje personal y humano.

Los tiempos lo piden, la realidad educativa actual lo demanda.

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