SILENCIO

Aunque parezca mentira, queridos lectores, todavía existimos gentes que amamos el silencio; ese silencio reparador y reflexivo del fin de cada jornada, ese silencio oasis después de una tarde turbulenta o una noche de compromiso social y parlantes, ese silencio delicioso que se apodera de todo cuando los nietos abandonan la casa después de haberla colmado de alegrías.

Pero hay otros silencios que no son gratos: el de la pareja de ancianos que sentados a extremos de un sofá miran desconectados una pantalla. El de la joven pareja que a la noche va a la cama rodeándose cada uno de tabletas, celulares y toda clase de artilugios de comunicación.

Más, nada más triste que ese silencio cabizbajo de la familia alrededor de la mesa de cualquier restaurante o sala, que deja ver a cada quien en su mundo, en lo suyo, en su ausencia. Juntos pero incomunicados, cerca pero inconexos, compartiendo sin compartir los ricos momentos que da la vida como oportunidades para comunicarse, para conocerse, para dar y tomar del otro.

El celular, la tableta: cautivan, hipnotizan, silencian, esclavizan esos ojos que solo se están acostumbrando a mirar para abajo y que descuidan alrededor la tierna sonrisa de la madre, el mirar observador del padre o la travesura de los hijos.  Visto así, el silencio es peligroso porque nos habla de alejamiento, de distancia, de incapacidad de comunicar y comunicarnos.

Los niños y jóvenes de hoy, deben ser atraídos y provocados afectiva e intelectualmente por los padres. Los niños de hoy, reclaman sentirse parte de una identidad que se llama familia, los niños y jóvenes de hoy, quieren ser escuchados y si a veces se evaden, acaso es porque los adultos también les negamos o menospreciamos la oportunidad de atenderlos.

La familia debe rescatar momentos para hacerse sentir, para cobrar identidad y peso entre sus miembros; lo vive cuando cada quien alcanza el conocimiento y el reconocimiento del otro, cuando todos  ejercen su respectivo rol, y logra todo esto solo a partir de la comunicación, del habla y de la escucha ejercidas a plenitud. Padres, conversen con sus hijos.

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