PRINCIPIO DE AUTORIDAD

Junto a las estructuras normativas de toda comunidad, resulta ser el principio de autoridad uno de los pilares fundamentales en los que ha de descansar la supervivencia de toda nación. Entre nosotros y en los últimos tiempos, penosamente hemos visto grandes atentados a veces embozados en propias normativas o penosas costumbres que lo vulneran, lo denigran o ignoran.

En efecto, el pequeño que castiga a su madre golpeando su rostro y que no recibe correctivo, el festejo que usualmente hacemos de la desobediencia familiar o escolar, va sembrando en la conciencia infantil el desconocimiento  de normas y autoridad. Más tarde, el temor a no ser querido que rige hoy el actuar de los padres y les lleva a conceder todo aunque sea irrazonable, el miedo del profesor a ser denunciado ante el distrito y recibir sanción, deja una huella aún más triste y profunda: la inhibición de la autoridad.

La autoridad tiene dos vertientes: el mando y el respeto, y quien la detenta debe claramente ejercer y manejar sin temor  las dos, o su condición de tal se resquebraja y resiente, perdiendo así liderazgo y capacidad de gestión. Por ello creemos que nuestra sociedad a de volcarse con fuerza a rescatar y reivindicar este principio básico para la buena coexistencia y ciudadanía.

Cuando el padre teme ejercer su autoridad, cuando el educador se asusta y la soslaya, cuando las autoridades se hacen a un lado por miedo para que sea la sociedad civil la que los reemplace con palos y piedras para detener asaltos, maltratos y agresión, estamos entregando la peor de las lecciones. Por ello resulta vital para la sociedad ecuatoriana y el Estado volver por los fueros de este principio para dejar claro quién es quién y su capacidad de actuar.

Devuélvanle a los educadores la autoridad que les quitaron, que los padres vuelvan a reivindicar sus principios formativos para con los hijos o nos tocará vivir momentos aún peores en que cada quien tome la justicia por su mano o defienda a garrotazo limpio propiedades y derechos.

Unámonos para que el líder genere respeto y autoridad.

Dr. Abelardo García Calderón

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