Disposiciones inconsultas

Cuando se emiten resoluciones desde un centro distante y estratosférico, lejano no solo por los kilómetros que lo separan de los hechos sino por el pobre conocimiento que tiene de las realidades que atiende, se corre el riesgo de que estas sean inadecuadas, inconsultas, inaplicables, necias o inobservadas, con lo que estas pierden su rectoría.

Hace unos días el Ministerio ordenaba que el día lunes 23 de diciembre debía asistirse a clases, y nada tendría de extraño si el sentido común no interviniera para decirnos que, de entre una semana de cinco días el asistir a las aulas por uno solo de estos, no resulta para nada real, conveniente o adecuado, pues los padres de hoy tienen una lógica diferente y según su estatus socioeconómico-cultural simplemente resuelven a su talante, dejando a la disposición en el aire y a los establecimientos educativos en predicamento.

Es verdad que los niños deben ser responsables y aprender aquello, es verdad que los niños deben ser trabajadores y vivir aquello, pero lo triste frente a lo inconsulto es que también aprenden por disposición y ejemplo de sus padres, a violentar lo que la autoridad disponga: “sí, dicen que hay clases, pero tú no vas” o simplemente “lo siento profesora pero por un día no lo mando”.

Acaso para estas disposiciones convendría: no consultar a rectores y directores, porque a lo mejor sus altezas se sienten humilladas; pero sí al menos, dejar en libertad a rectores y directores para que según sus realidades apliquen las medidas y pueda cada quien resolver de acuerdo a sus particularidades esa realidad cierta que viven y disponer lo más conveniente para su alumnado.

Un día de clases con aulas a medias es una pérdida de tiempo. Poco o nada se puede realizar y a nadie ayuda, pues el desgano, el estar a regañadientes de los presentes y un alto ausentismo, complican el trabajar nuevos temas, el escudriñar nuevas fronteras y por supuesto, el mero hecho de repasar algo aburre a los presentes. Nada se gana y todos aprenden que mejor es violentar la norma.

Reflexionemos para no emitir disposiciones inconsultas.

 

Dr. Abelardo García Calderón

 

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