TIEMPOS DE PAZ

Ahora, cuando aún se escuchan aquí y allá el rechinar de sables y todavía tremolan pendones de insatisfacción y descontento, cabe la pena preguntarse: ¿Y cuando la paz?, ¿Cuándo la construiremos?, ¿Cuándo prepararemos a nuestros niños y jóvenes para vivirla?. Y, aparentemente, no hay respuesta clara, pues la incertidumbre con que nos recibió el siglo XXI como niebla espesa no deja definir con certeza el panorama futuro.

Más la navidad es tiempo de paz, de amor, de fe y de esperanza;  al menos así la concebimos los creyentes que nos sentimos involucrados cuando oímos “Gloria a Dios en los cielos y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Y es que acaso ahí está la clave, la paz es cuestión de voluntad. Debemos pues, todos entonces, ser agentes de paz, trabajar en su elaboración construyendo mejores ambientes áulicos donde el respeto, consideración del uno por el otro y los afectos primen sobre el egoísmo, la competencia insana y la prepotencia. La paz se crea en el equilibrio.

Y eso del equilibrio lo sacamos también de una de sus enseñanzas cuando Él nos dijo: “ama a tu prójimo como a tu mismo” ni más ni menos, y acaso ahí la respuesta final, pues la verdadera educación, la que forma, la que construye sin manipulación, se encuentra en ese desarrollo equilibrado de la personalidad del alumno: el yo y el otro, el yo y el prójimo valorados por igual y pensando lo mismo; y ahí suele ser donde surgen las dificultades, pues a veces mi alumno, mi hijo “debe ser el mejor” e iniciamos entonces sin quererlo las diferencias.

 

La paz que trae la Navidad o mejor, la paz a la que nos invita e invoca la Navidad, depende de nuestra capacidad de generarla, de buscarla, de necesitarla. La paz, como todos los otros anhelos humanos, puede crecer en nosotros a partir de nuestro libre albedrío y generar entonces así ambientes de paz, escuelas de paz, sociedades de paz.

 

Cuando se arríen pendones, cuando mi verdad no sea la única y mi postura la que venza y se imponga, estaremos gestando tiempos de respeto, tiempos de paz.

 

 

Dr. Abelardo García Calderón

 

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