INSATISFACCIÓN

Más allá del efecto flama sobre combustible, que resultan ser la estrategia política o la consigna ideológica, hay que buscar la causas de fondo que, en ocasiones inadvertidas, subyacen en la sociedad y se convierten en verdaderas gestoras de explosiones sociales como las que vivimos el pasado octubre en nuestro país y que compartimos con otras realidades geopolíticas.

Acaso la insatisfacción sea el elemento común en las revueltas que sacudieron al mundo, desde Hong Kong hasta Líbano, desde Santiago hasta París; y habría entonces que preocuparse sobre qué está ocurriendo con esos niños y adolescentes que han crecido aparentemente insertados en el mundo contemporáneo pero absolutamente dislocados y resentidos con el engranaje social en el que conviven y al que se pertenecen.

¿No será que estamos construyendo la insatisfacción?. Cuando el niño de escasos recursos ve en la pantalla de su casa, que sí la tiene, modelos de vida tan distintos e insinuantes y provocadores como atractivos, y contrasta con la pantalla que tiene en su mano, que también posee, que las diferencias con los íconos planteados son tan grandes y devastadoras, ¿no estarán ahí sembrándose las semillas de insatisfacción?. Más aún con una escuela que no le equilibra ni sosiega.

Cuando el niño de recursos socioeconómicos medios o altos  recibe un cúmulo de regalos por Navidad y salta de un juguete a otro sin dedicarle mucho tiempo a alguno, y cuando pide y obtiene rápidamente y sin espera ni sacrificio lo que se antoja, o vuelve a pedir algo nuevo cuando apenas ha recibido un juguete, ¿no estará también en esa vertiginosa ansiedad cultivándose y creciendo esos mismos rasgos de insatisfacción que aparentemente hoy están caracterizando a los niños y adolescentes?.

Debemos pues enseñar en la escuela y el bachillerato el sosiego, la paz, el sentirse satisfecho con las realizaciones propias, el buscar la valoración del proceso antes que solo el resultado, favorecer la escucha y momentos de solaz.

Hagamos lo posible por formar niños serenos y de personalidad trabajada de manera integral.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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