Educación en casa

Parecería un genérico, una expresión que define una sola realidad pero no lo es. La educación gracias a Dios es absolutamente permeable y en su tendencia a la individualización, marca rangos específicos para describir a la educación a distancia.

Uno de estos modelos y el más actual resulta ser la educación virtual, que implica el contacto directo entre el profesor y el alumno de manera virtual, que supone textos y herramientas de trabajo para recrear de la mejor manera el ambiente escolar y así, sin ser lo ideal, plantea un escenario lo más cercano posible al ambiente del aula. Tiene  normas y reglas pues obviamente no es el traspasar la clase viva al computador; se trabaja de manera específica con cápsulas sincrónicas y se espera que el alumno trabaje en herramientas construidas por el profesor.

La teleeducación resulta ser una segunda forma de educarse desde lejos, acaso la más aconsejable para los sectores más deprimidos económicamente, pues se ampara y soporta mucho en la radio y la televisión al constituir a estos en vehículos del enseñar. Requiere de herramientas de trabajo para que el alumno desarrolle las experiencias que el docente le plantea. Es menos rica porque no hay la interacción, pero sin embargo, al estar amparada en videos y ricos sonidos, construye un buen ambiente de clase.

Finalmente, la educación en casa: aquella del que se prescinde del profesor y la escuela, el padre es el guía y tutor de su hijo y este tiene que asumir el rol de estudiante a plenitud. Con sus padres buscará los elementos del aprendizaje, lo curricular, y deberá, a partir de ello, ir trabajando en esta modalidad. El alumno se matricula ante la autoridad educativa, en nuestro caso el distrito, y obviamente, ante dicha autoridad, deberá rendir sus evaluaciones.

Fue creada para los niños con dificultades sociales, aquellos que por alguna razón no pueden interactuar en el grupo. También a ella se inscriben estudiantes con problemas de salud o con preferencias deportivas o artísticas superiores a lo educativo; ellos aprenden al amparo de padres y sin mucha orientación, filosofía institucional  y formación.

 

Dr. Abelardo García Calderón

 

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