Inteligencia y disciplina

Si le preguntásemos alguno de los niños y jóvenes que hoy estudia ¿para que lo hacen?, sin duda las respuestas irían más o menos en el siguiente tono: “para aprender cosas”, “para saber más”; y ciertamente, que siendo esto parte del proceso, no lo es todo, pues hoy la educación atiende mucho más que al conocimiento.

En efecto, como lo hemos manifestado en varias ocasiones, a la escuela ya no se concurre para adquirir nociones, estas se encuentran y están a un clic en cualquier momento del dia.

Hoy se estudia para, teniendo el conocimiento como herramienta, construir la inteligencia. Este es realmente en cuanto a lo cognitivo el fin último de la educación que, por otro lado, debe atender otras potencialidades del ser humano.

Pero, la pura inteligencia no basta: un falsario, un delincuente, un abúlico, puede ser muy inteligente y es capaz de desperdiciar su vida sin valores, principios o voluntad, por ello es básico que la educación se esfuerce por fortalecer también aquellas otras características de la inteligencia que algunos prefieren llamar “inteligencia emocional”.

De ahí, que la disciplina tiene que ser un aspecto importante en el proceso formativo. Seguramente los padres que hoy ayudan a sus hijos se estarán dando cuenta de lo necesario que es esto para que realicen los encargos, las tareas y cumplan las consignas.

La disciplina, que no es otra cosa que la capacidad organizadora del individuo, tiene que ser fortalecida al momento de formarse.

Comenzando a temprana edad no es difícil obtener estudiantes disciplinados, pues en la formación de hábitos radica buena parte del secreto de la organización del individuo.

La puntualidad, el aseo, el cuidado personal, el respeto a los horarios se va encarnando en el niño de manera sutil y sin que este se dé cuenta que se le está procesando para la vida.

Hoy, que los padres están a cargo de buena parte de la tarea de estudiar, sería importante que cuiden en fortalecer hábitos disciplinarios en sus hijos, que en la práctica resultan ser tan o más valiosos que el puro aprendizaje.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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