LA BANDERA NACIONAL

Hoy, cuando el cronograma cívico ecuatoriano nos arriba al 26 de septiembre, Día de la Bandera Nacional, conviene recordar lo importante que resulta dentro del proceso formativo de niños y jóvenes, que educadores y los propios padres que hoy se encuentran involucrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje, conversen sobre los valores cívicos y patrios.

Conviene pues, recordar el significado del símbolo, pero no solo en abstracto y con las lejanas palabras con que se define al amarillo como la riqueza nacional, al azul como el cielo y el mar y al rojo, como la sangre de patriotas que dieron la libertad. Conviene hacer más cercano al niño y al joven, aterrizarlo,  para que se sienta identificado.

Decirle por ejemplo: que el amarillo es su inteligencia, sus capacidades, su potencial de construirse como ser humano en persona; que el azul son sus sueños, sus ilusiones, sus deseos de triunfo en la vida, y que el rojo es el coraje, el tesón, la pasión y la voluntad que hay que poner a las acciones en la vida.

Hablar de La Bandera, de su historia, del orgullo que debemos sentir al mirarla, es básico para insuflar en espíritu del que aprende, patriotismo y civismo; características estas que en ocasiones aparecen lejanas en el mundo habitual y en el día a día del alumno.

Celebremos pues en familia, en las nuevas aulas que posiblemente sean la mesa del comedor o un rincón del hogar, el Dia de la Bandera; conversando sobre ella, haciendo vivir en los corazones de hijos y alumnos los sentimientos necesarios que los lleven a vivir una sana y fuerte ecuatorianidad.

Que el Día de la Bandera no pase desapercibido por ser sábado o por estar en pandemia. Que el Día de la Bandera sea recordado en cada casa, en cada hogar, para que todos vivan un momento el amor a la Patria y los nobles sentimientos que nos llevan a existir como ecuatorianos con clara identidad en el cultivo de los valores patrios, con los que se va forjando la esencia del sentimiento de pertenencia con esta patria nuestra, que requiere como nunca de hijos amantes, residentes y altivos.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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