Sembremos Democracia

Sin duda, uno de los cambios más significativos y que más aportó a la educación contemporánea fue el saltar del aprender escuchando al aprender haciendo. El impacto cualitativo fue importante y muy pronto reflejó sus beneficios en la forma de aprender por parte de los alumnos. Así, los ámbitos escolares y colegiales se convertían en verdaderos laboratorios y claros espacios de reales aprendizajes.

El alumno siendo respetado éticamente como persona humana puede ser proyectado para que viva lo que aprende y se ejercite en aquello que más adelante utilizará en la vida, sin manipularlo.

Salvaguardando sus valores y principios,  un estudiante puede ser entrenado para recrear momentos científicos y sociales participando activamente en ellos, ya sea en proyectos, resolución de casos o cualquier otra modalidad.

De ese modo, la democracia también puede ser sembrada entre los estudiantes bajo las simulaciones de consultas y elecciones. El estudiante bien puede desde muy pequeño, aprender a ceder y conceder en sus ideas. Desde ese punto, muy bien la existencia de los consejos estudiantiles, instancias en las que los alumnos viven experiencias electorales y de gobierno. Pero una cosa es la recreación y la vivencia simulada y otra, como en el caso nuestro, de entregarles la posibilidad a los 16 años del derecho al voto, pues ciertamente a esa edad no están preparados para ejercer un claro análisis y contrastes de la conveniencia nacional.

El adolescente se mueve por emociones y solo se entendería a ese temprano voto como el deseo de manipular éstas en beneficio de propuestas caudillistas. Por ello creemos que es de poca ayuda para el joven aún lejano de su madurez, el entregarle una responsabilidad tan grande y abierta.

Una cosa es que se entrenen en simulaciones y réplicas de la realidad y otra, el lanzarlos abruptamente y sin la debida madurez a participar en la lid electoral.

Convendría, por tanto, revisar esa normativa que más luce manipuladora al querer aprovechar para determinadas corrientes, un voto altamente emocional y poco reflexivo.

Sembremos bien la democracia.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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