El reto

Aunque nos parezca curioso, el repasar la sinuosa vía que ha seguido la última etapa democrática de nuestro país nos revela, según la forma de votar del ciudadano, que poco se ha avanzado, que poco se ha ganado; parecería a ratos que se marcha en el mismo terreno e incluso, que se retrocede. El análisis y la racionalidad del voto aún están muy lejos del ecuatoriano común.

En efecto, dando una mirada rápida a las distintas campañas y elecciones realizadas en el país desde 1979, es encontrarse con procederes más o menos parecidos: con un electorado que sucumbe al caudillo, votantes que caen en las falacias y ofertas baladíes o aquellos que cambian su voto por un regalo.

De otro lado están los que no concurren ni a la mesa electoral ni a la votación por cualquier motivo, o aquellos que por irse temprano y pronto de regreso a casa levantan mal las actas y terminan a capazos el proceso. El civismo no aflora, el amor patrio en muchos se ha desvanecido.

Si tenemos claro que el votante no es capaz de escoger entre propuestas: por análisis y contrastes, y si observamos que no es capaz de distinguir el silogismo del sofisma, la verdad de la palabra engañosa, tenemos por delante un reto muy grande.

Es necesario enseñar a quienes están hoy en las aulas a pensar, a construir un criterio propio y personal, a resistirse a integrar rebaños que van tras uno u otro simplemente seducidos o engañados. El trabajo en ello debe ser arduo y frontal. Necesitamos para generar desarrollo personas capaces de construir pensamiento, de elaborar ideas, de discernir y criticar como también de crear y abrir futuro.

El reto como de costumbre esta en las manos de los padres y educadores. Necesitamos hijos y estudiantes capaces de enfrentar los problemas propios de cada etapa de la vida, de cada circunstancias, teniendo clarividencia de lo que ha de hacerse.

La inteligencia crítica, la inteligencia creativa se promueven, se construyen con una educación firme, sólida, que busque no solo el conocimiento sino el enseñar al alumno qué hacer con él para avanzar, progresar y seguir viviendo.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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