¿Y el capital humano?

Curiosamente, en estos tiempos de pandemia hemos vivido un encuentro recurrente con las cifras, sí, con los datos que alimentan estadísticas y que son utilizados por unos y por otros para demostrar su razón y la fuerza de sus argumentos y así concluir expresando sus criterios. Las cifras de repente se volvieron importantes por el impacto que causan y por la realidad que muestran.

En efecto, desde el sector de las ciencias médicas casi todos los días se ha venido hablando de la cifra de contagios, del número de fallecidos, la data existente de camas libres u ocupadas en UCI; se contrasta, se compara para argumentar, afirmar lo que se pide o cree.

Desde las ciencias económicas se habla del impacto que las cifras en las finanzas públicas y privadas han tenido en la inversión, de los recursos destinados para vacunas, de compras y negociación.

Desde los sectores del quehacer cotidiano: industria, comercio, turismo, transporte, etc., se habla de las cifras que cada actividad pierde de manera diaria, semanal o mensual.

En fin, las cifras nos llegan por todos lados, nos maltratan y abruman; las cifras que reflejan dólares que no circulan y que dia a dia ponen en riesgo las distintas actividades productivas.

Sin embargo, en nuestra opinión, hay una cifra sobre la que no se ha trabajado y esta es la del impacto de la pandemia en el capital humano, el impacto intangible que va causando en la mente de aquellos que están en proceso de formación y que han sido desvinculados de éste o mantenidos en él sin que se alcance, por su puesto, a desarrollar el 100% de su potencial intelectual.

Habíamos dicho en nota anterior, que muchos aprendieron, pero sin embargo ese aprendizaje por no ser integral, completo y presencial no llega a cumplir todas las expectativas ni a construir a plenitud, como es de esperarse, la inteligencia del individuo, y solo alcanza en el niño solitario ante la máquina un impacto del 50%.

La pérdida en el capital humano es inconmensurable: inteligencia no desarrollada, habilidades y destrezas estimuladas a medias, nos pasan una factura que el tiempo cobrará un día.

 

 

Dr. Abelardo García Calderón

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