Los Peques del jardín

Por obvias razones, son los más pequeños en edad, aquellos que más han sido apartados de una educación formal y presencial. Los nervios, las ansiedades, las preocupaciones de los padres, se suman para retenerlos en casa, pensando siempre que ya habrá tiempo más adelante para que aprendan y así, aquellos de entre dos y cinco años se quedan sin escolaridad.

Aquello de que habrá tiempo sin embargo es relativo, pues si bien muchas cosas pueden aprenderse y asumirse en la vida en cualquier momento, hay otras como las primeras nociones, como la formación de hábitos, como el aprender a seguir consignas, todo lo que tiene que ver con las motricidades y la lateralidad, más los primeros pasos en la socialización, que reclaman ubicarse en un tiempo determinado.

Hay edades claves para conseguirlo, hay momentos evolutivos específicos en que son esenciales y pasados estos, los logros en esos campos no se alcanzan como deben ser.

De ahí, que es importante que los padres reflexionen y analicen; que piensen en el hijo que desean se construya para avanzar en la vida, y poco a poco, soltando miedos y temores, que reintegren a los párvulos a su vida feliz, real y cotidiana del aprendizaje formal; obviamente tomando las debidas precauciones, comprobando las normas de bioseguridad, prefiriendo centros con espacios amplios y abiertos, contacto con la naturaleza, trabajo al aire libre, más allá de lo que ordinariamente ofrece el jardín de infantes: idiomas, artes, formación social y religiosa, etc.

El niño pequeño necesita iniciar su construcción de la inteligencia, su condición de persona humana, social y emocional; su tarea de volverse un ser con capacidad comunicacional, afectiva y moral. Necesita interactuar con el otro, para de a poco, desprenderse de ese yo egoísta y solitario, en ocasiones agresivo y maltratante del párvulo inicial.

En fin, necesita convivir con pares para iniciar la tarea de aprender a  crecer.

No les neguemos oportunidades a estas generaciones infantiles.

¡Volvamos al jardín!

 

Dr. Abelardo García Calderón

 

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