Autoridad paterna ¿existe?

Si hay un concepto entre nosotros que se ha desdibujado y deteriorado fuertemente, sin duda es el de la autoridad de los padres con respecto de los hijos.

 

Sí, el padre contemporáneo ha confundido su rol al punto de sentir miedo de aparecer como juez lleno de prerrogativas ante los niños de la familia, y así, hemos extendido ese criterio a la sociedad, que de alguna manera piensa que ser padres conceptualmente ya no implica mando.

 

Esto último lo vivimos hace poco, cuando el presidente electo, refiriéndose al embarazo de niñas adolescentes decía que él y la primera dama podrían ser padre y madre de estas señoritas. Se alzaron voces inmediatamente y se le reclamaba actuar como autoridad, como jefe de Estado, pues eso es lo que se necesitaba y no el echar mano a la figura paternal.

 

Los padres son amor, comprensión, firmeza y autoridad, y esto está implícito en el respeto que han de inspirar en sus hijos. Pero hoy, las jóvenes generaciones de padres se asustan frente a ello y prefieren esconderse en la figura de terceros: el policía, el médico, la jeringuilla, para buscar obediencia mientras ellos se refugian en el rol de amigos filiales, o peor, buscar en la jerarquía alguien que mande, en ocasiones, lo insólito, para no aparecer como fuertes o enérgicos ante los chicos, prefiriendo decir “no soy yo, es otro el que lo manda”.

 

Así, fue común leer en las redes cómo muchos papás decían: “no deberían iniciar la presencialidad, después mis hijos van a querer ir, ¿Y yo que voy a hacer?”. En definitiva: “que nadie vaya porque yo no quiero enviarlos y no tengo el valor para decir no”.

 

Los padres son responsables, custodios, guardianes y líderes de sus hijos, por tanto, no deben temer por tomar decisiones, y si no quieren que su hijo haga algo, deben decirlo y sostenerlo aunque él y sus amigos se resientan.

 

Si queremos formar seres humanos de bien, debemos prepararlos para la vida y eso implica vivir en el hogar las normas, emociones y situaciones que la reflejen para que les sirva de entrenamiento y preparación para ir templando así su carácter. Los padres si son autoridad.

 

 

Dr. Abelardo García Calderón

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