¿Cuán extraños somos?

Parecería que las gentes de estas tierras tenemos o venimos con un gen especial, un gen que nos hace discriminar siempre a nuestro favor, que nos hace entender lo que queremos creer y que nos hace actuar siempre de acuerdo a nuestras conveniencias. Gen que nos da siempre la razón y que nunca se la entrega a otros, y que nos lleva a interpretar a nuestro aire disposiciones, reglas y circunstancias.

Desde que se inició la semipresencialidad, es decir, asistir a clases, a discreción de los padres de acuerdo a sus temores, responsabilidades o deseos, hay muchos establecimientos educativos que no han podido iniciar clases con la asistencia de alumnos por la negación de aquellos de enviar a sus hijos aludiendo al contagio; hay otros con una presencia reducida mientras la gran mayoría sigue desde las casas la clase, dando origen a la llamada clase híbrida, y ninguno tiene asistencia total.

Podemos entender lo del temor al contagio, el deseo de guardar la salud de los hijos y el mejor cuidado de estos, pero lo que no podemos entender es cómo cines, parques, centros comerciales sí tienen concurrencia infantil. Se invita a cumpleaños y a reuniones, se autoriza a ir a fiestas, algunas clandestinas, y hasta pagando entrada y con consumo de licor abierto.

Hace algunas noches, más bien tarde, íbamos con mi esposa a un restaurante que nos agrada mucho, y nuestra sorpresa fue encontrar, a esa hora y sin mascarillas, muchísimos niños sentados a la mesa de esas terrazas como si nada. ¿Y el temor y el miedo al contagio?.

¿Por qué somos unos cuándo de cumplir responsabilidades se trata,  y otros, con vara más alta, cuándo nos toca alentar la diversión y el ocio?. Deberíamos reflexionar, pues ciertamente el mensaje que enviamos a la mente de esos pequeños es que, cuando nos toca esforzarnos, aprender o trabajar, podemos fallar y faltar, pero cuando nos toca divertirnos y festejar, no importa tanto el riesgo, ni el cuidado, ni el temor.

Sería bueno recordar que aquello que sembramos en la mente de un niño, cosechamos más tarde en las acciones de un adulto.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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