Desde la propia experiencia

Desde que apareció el COVID-19 y se suspendió la asistencia a clases, hemos escuchado decir y advertir, cada vez que se menciona la posibilidad de volver a las aulas, los riesgos que una decisión así acarrearía. Muchas voces anuncian contagios y desastres y hasta la posibilidad de que esa acción genere una nueva ola en la pandemia.

Se especula, se discierne y mucho se comenta a partir de la teoría y lo ocurrido en otros lares, sobre las posibilidades y pronósticos que a partir de ellas se generan.

Se llena de temores a la población, y padres, niños y la sociedad toda, vuelve a conmoverse y a regodearse en sus penas y dolores, pues cierto es que han habido muchas pérdidas, muchos duelos, que nos han sacudido y llenado de tristeza. Mas nosotros hoy nos preguntamos: ¿porque ahora, cuando ya los alumnos de la Costa y Sierra baja tienen varios meses de asistencia a clases, y los de Sierra y Oriente han arrancado su nuevo ciclo, no hacemos testeos reales, verificaciones en sitio y trabajamos con nuestras propias cifras, nuestras propias mediciones, nuestra realidad clara y cierta?.

Ya no divaguemos más, y a partir de cifras verdaderas, midamos el impacto que el volver a clases a significado y ha tenido. ¿Cuál su incidencia en la propagación de la enfermedad? ¿Cuál el número de contagios en la comunidad toda? y ¿cuáles son los reales datos de nuestra experiencia y de nuestra vivencia?.

El miedo paraliza, inmoviliza; y la vida, la verdadera vida, debe seguir su curso y exige avanzar.  En ella tenemos que aprender a lidiar con los retos que nos pone por delante a fin de crecer y  progresar como sociedad, como nación. Así pues, manos a la obra.

Encontremos nuestras cifras y según esos resultados tomemos las decisiones que para nosotros sean buenas y viables.

 

Basta ya del discurso apocalíptico, vayamos a la ciencia, a medir la propia experiencia, nuestra cierta realidad, aquella que no compartimos con ninguna otra sociedad ni nación.

Así lo demanda el tener que formar para la vida, el preparar gentes que miren el mañana capaces de vencer y de vencerse.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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