Educación virtual

Hoy cuando se ha iniciado las clases para algunos estudiantes dentro de la modalidad virtual, se ha visto en términos generales que la marcha es aceptable, obviamente inconsistencias propias de lo nuevo, fallos en sonido o conectividad se han presentado  aquí y allá, pero nada que no pueda ser superado por el deseo de la comunidad educativa de iniciar las clases. En algunos casos ha surgido preocupación en sectores de padres al no comprender del todo la modalidad: piensan que deben estar ellos sentados con sus hijos durante toda la jornada, piensan que cada niño debe tener una máquina o que las clases han de darse de conformidad a horarios de 5 o 6 horas. Los padres deben supervisar no acompañar peor enseñar;  las clases o contenidos deben grabarse para que el niño o el joven las puedan ver indistintamente en cualquier horario. Pretender que la clase virtual es trasladar a la computadora una clase presencial es un error, las metodologías son distintas y los recursos cambian de prioridad, en la clase virtual lo prioritario esta dado en los documentos con los que el alumno trabaja, que son igualmente seleccionados y producidos por el profesor acorde a la programación que imparte. De igual manera, ningún niño ni joven está en condiciones de sostenerse antipedagógicamente frente a un computador por 5 o 6 horas, no lo toleraría, su capacidad de concentración se desbordaría y simplemente entraría en un estado de agotamiento y abotagamiento del cual sería más adelante muy difícil de sacar. Ya en Quito y en la Sierra en general se cometió ese error en algunos casos y se comprobó el poco favor académico que esas estrategias daban como resultado. Los alumnos no deben pasar entre clases sincrónicas: interactivas entre ellos y con el profesor y trabajos a realizar en instrumentos, un lapso continúo de no mayor a 3 horas por cada vez, pudiendo diferir trabajos para la jornada vespertina y así, a la tarde, retomar en algo en las plataformas que quisieran reforzar o concluir. La clase virtual no es una clase en vivo ni en directo permanente, el cerebro del niño no la toleraría.     Dr. Abelardo García Calderón  
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