Padres Pos-Covid

Aunque ya lo esperábamos, el nerviosismo, la sobreprotección y el miedo  han marcado con fuerza el reencuentro en la presencialidad. Así, uno de los más continuos y por repetido, molestos requerimientos de los padres a las instituciones educativas, ha sido el pedido, en cualquier momento, de suspensión de clases y la vuelta a la teleeducación.

Parecería que muchos padres de familia no terminan todavía de enterarse del daño que a sus hijos les hizo el encierro, el intimismo, el egoísmo y los riesgos virtuales que se encargaron de desatar las famosas cuarentenas, los retiros y alejamientos. Los vence el temor y piden desesperadamente sobreprotección.

Es importante que reconozcamos que el famoso COVID-19 y sus distintas variantes llegaron para quedarse, para convivir con nosotros como a lo largo de los tiempos han convivido la influenza, las enfermedades infantiles, la malaria, entre otros tantos males endémicos. Tenemos pues que aprender nosotros y enseñar a nuestros hijos y alumnos, a subsistir protegidos y alertas pero sin temores ni ansiedades.

Padres seguros, hijos seguros; padres nerviosos, hijos nerviosos; padres ansiosos, hijos ansiosos. Como se ve, somos libres de escoger la imagen que queremos entregar de nosotros a nuestros niños y adolescentes. Nosotros somos los adultos, se entendería que somos los maduros y por tanto no debemos encerrarlos en los laberintos de la angustia, la zozobra y la precariedad emocional.

No debemos volverlos ni temerarios ni intrépidos pero tampoco podemos dejar que vivan navegando entre la angustia, la depresión, la ansiedad y la soledad más los otros daños colaterales que el encierro de estos dos años nos está gritando en las aulas, dejándonos ver penosas realidades que muestran adolescencia y niñez tan diferentes a las que solían ser antes de la pandemia.

Parecería que preferimos enseñarles a huir, a sentirse inválidos y de menos, cuando lo que debemos hacer es mostrarles el camino para que sobrevivan con los cuidados y medidas de seguridad apropiados, por tanto, seguros y autónomos y más confiados en sí mismos.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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