Ver el bosque

En un país en el que para inaugurar un aeropuerto el presidente debe ir en avión porque no hay accesos de otro tipo. En el que se entregan obras fabulosas como un sistema de metro y otro de tranvía sin que se puedan poner de inmediato al servicio del público para el que se construyeron. En el que se inauguran terminales terrestres sin accesos viales, es claro que el modelo educativo no está enseñando a ver el bosque.

Nos concentramos en el árbol, en lo que me toca, en lo que debo, pero pierdo perspectiva, visión de la totalidad de un proyecto, sea este de infraestructura o de vida. Necesitamos pues enseñar a nuestros niños y adolescentes a generar sentido común, a desarrollar una inteligencia analítica, hacer capaces de observar el problema global y no solo las situaciones puntuales.

Fortalecer los procesos de desarrollo de la inteligencia, del pensamiento lógico, crítico y creativo es una exigencia que debe ser atendida de manera inmediata por el modelo de estudio que desarrollemos. Es vital que tengamos gentes que permanezcan alertas, atentos a las distintas aristas que implica la resolución de un problema, de una complicación, de una demanda. Es urgente que atendamos el fondo y la forma, lo universal y lo particular, lo esencial y lo circunstancial.

Si queremos competir en un mundo global cada vez más intenso y demandante, cada vez más ágil y exigente de inmediatez, necesitamos preparar seres humanos capaces de desenvolverse adecuadamente, atendiendo  el universo del problema y no la parcialidad que me corresponde o entretiene.

Enseñar a pensar, enseñar a tener una visión general del problema a resolver, se vuelve una exigencia para el modelo educativo que debemos desarrollar.

Sin renegar de la memoria, porque obviamente que esta es necesaria, estamos en la urgencia de desarrollar habilidades de pensamiento que vuelvan a la persona humana un profesional capaz de hacer lo que se requiere y exige de él, para dar respuestas eficientes, claras y rotundas.

Un modelo que enseñe a ver el bosque es imprescindible.

 

Dr. Abelardo García Calderón

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